Todo indica que la reprogramación de genes, la parabiosis, el ‘ejercicio embotellado’ o los elixires de la eterna juventud no son ciencia ficción

El afán de muchos humanos por querer permanecer en este mundo se plasma en la sentencia de Don Miguel de Unamuno: «La vida no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse en tiempo y en espacio». Y este deseo de persistencia, no solo de la humanidad como especie sino de cada individuo, no es nuevo. Desde tiempos inmemoriables, el ser humano persigue la eternidad en la Tierra. Y ya, en un avanzado siglo XXI, algunos científicos plantean que quizá en el futuro no haya que morir, y que la ciencia podría ayudar a vencer a la muerte. Estas discusiones no son baladí: hay personas que criopreservan (congelan) sus cuerpos para poder ser tratados y resucitados cuando la ciencia permita aplicar las técnicas adecuadas.

La leyenda urbana de los años 70 sostenía que Walt Disney, el creador de la fábrica de sueños (fallecido el 15 de diciembre de 1966), en realidad no había sido incinerado, sino que había sido sometido a crionización, y que dormía congelado cuál bella durmiente del bosque esperando a ser despertado cuando la ciencia avanzara. Así, conseguiría abrir los ojos a su nueva futura realidad, como en una película de ciencia ficción. 50 años más tarde José Luis Cordeiro, director del Millenium Project en la Singularity University (de la NASA y Google), sostiene que, en 25 años, en 2045, existirán tratamientos de rejuvenecimiento por los que podremos ser más jóvenes que hoy. Así, programando la activación y desactivación de genes concretos no solo viviremos más, y en perfectas condiciones fisiológicas de juventud, sino que, además, se acabará con las enfermedades; y rizando el rizo tecnológico, también seremos más inteligentes, por diseño. Y esta esperanza se basa en que grandes fortunas tecnológicas (Facebook, Google, Microsoft, Tesla…) están invirtiendo en la nueva fábrica de sueños para diseñar y hacer realidad un mundo postecnológico cuyo objetivo es que, en solo tres o cuatro décadas, se acelere el proceso de la evolución humana y podamos pasar de humanos a posthumanos. Daremos el salto de homo sapiens sapiens a homo sapiens postecnologicus.

¿Es posible la eternidad en este planeta Tierra? Aquí y ahora, con una carga romántica, todavía limitamos la eternidad terrenal a los instantes como el cruce de miradas con otra persona, momentos o soplos que pueden ser segundos eternos. Sin embargo, las publicaciones científicas indican que el avance fisiológico está a las puertas. Las evidencias en animales son reales y, además del Dr. Cordeiro, dos investigadores españoles son pioneros en este campo: María Blasco (CNIO en Madrid) ha extendido la vida de ratones manipulando la enzima telomerasa, y Juan Carlos Izpisua (Instituto Salk en California) ha rejuvenecido ratones reprogramando el 40% de sus células. Porque no se trata solo de vivir más, sino de vivir con las condiciones juveniles. La realidad del envejecimiento es que, en general, los factores que mantienen al organismo sano y a pleno rendimiento disminuyen con la edad. Algunos de esos factores de la eterna juventud están en la sangre y, por ello, se pretende transferir a personas añosas sangre de individuos jóvenes saludables. Es la parabiosis. Esta idea no es nueva, es la actualización de experimentos del siglo XIX en los que dos animales compartían la sangre y el de más edad mejoraba. En los nuevos estudios, al contacto con la sangre joven, los animales viejos mejoran ostensiblemente siendo de gran interés para rejuvenecer tanto el cerebro como otros órganos. Son los cócteles rejuvenecedores o ‘elixires vampíricos’, por su procedencia sanguínea. De hecho, ya ha comenzado un comercio de plasma joven para inyectar en adultos añosos (por ahora, en personas que lo pueden pagar). No obstante, tiene sus peligros. Por ello, se está investigando si se debe transferir todo el plasma o solo fracciones del mismo. Por ejemplo, transferir únicamente las proteínas y factores que son benignas, como el CSF2 o el TIMP2 que modulan el sistema inmunológico y aumentan la plasticidad celular, respectivamente. Pero puede haber más factores. De hecho, se acaba de descubrir la GPLD1, una proteína que la segrega el hígado después de hacer ejercicio físico y que es más abundante en jóvenes y en atletas. En ratones, esta proteína mantiene el estado saludable y les mejora la memoria y la capacidad de aprendizaje. Lo denominan el ‘ejercicio embotellado’.

Las publicaciones científicas indican que el avance fisiológico está a las puertas; las evidencias en animales son reales

Por tanto, todo indica que la reprogramación de genes, la parabiosis (el intercambio de sangre), el ‘ejercicio embotellado’ o los elixires de la eterna juventud no son ciencia ficción; parece que puede ser verdad y, que posiblemente, tarde o temprano nos conducirán al homo sapiens postecnologicus (eterno e inteligente) si la Covid-19 (u otras Covid futuras) lo permiten.


Autora: María Trinidad Herrero

Fuente: Herrero, M.T., 2020. Juventud perpetua y eternidad inteligente, [online] Disponible en: https://www.laverdad.es/opinion/juventud-perpetua-eternidad-20200919001222-ntvo.html [Fecha de acceso 3 mayo 2021].