Este contexto implica pensar globalmente y prestar atención no solo a aspectos biológicos, sino también a factores sociales, culturales y económicos

Primero se habló de epidemia, después de pandemia y más tarde de sindemia. Pero ¿qué es una sindemia? Una sindemia es la suma de dos o más epidemias que comparten factores sociales, que concurren al mismo tiempo y en el mismo espacio, e interactúan y se retroalimentan.

Si durante un tiempo concreto, y en una misma población, una enfermedad afecta a un número de individuos superior al esperado se denomina epidemia. La epidemia no solo es infecciosa, también puede ser metabólica como la obesidad, que es una reconocida epidemia de los países más industrializados.

Se habla de pandemia cuando una enfermedad infecciosa atañe a seres humanos en áreas geográficas muy extensas (varios países o varios continentes) como el caso de la Covid-19. Según la Organización Mundial de la Salud para que se pueda hablar de pandemia deben confluir tres circunstancias: 1) que surja un virus nuevo y que la población no esté previamente inmunizada; 2) que ese virus pueda ser transmitido de persona a persona; y 3) que sea capaz de provocar enfermedades graves e incluso la muerte. El virus SARS-CoV-2 lo ha cumplido con creces. Pero, además, a pesar de los avances, seguimos sin conocerlo totalmente y la situación está agravándose a nivel global afectando no solo a la estabilidad sanitaria sino también al equilibrio social.

El término sindemia es un anglicismo, procede del inglés ‘syndemic’. Sindemia es la unión de sinergia y epidemia; es decir: epidemias que coinciden. El neologismo fue acuñado en los años 90 del pasado siglo por el profesor americano Merrill Singer. El término, poco a poco, fue transitando de la antropología y de la sociología a la ciencia médica e incluso a la economía. En 2009, Singer escribió el libro ‘Introducción a la sindemia’, haciendo hincapié en que varias enfermedades de base pueden actuar sinérgicamente resultando en un aumento del riesgo y de la gravedad de los procesos. Singer lo definió como «sindemia de la disparidad», enfatizando que, ante una epidemia, la inequidad en salud provoca: 1) que haya unas comunidades más vulnerables que otras, y 2) que esos condicionantes actúen de forma aditiva y concurrente abocando a los individuos a sufrir las formas más graves de las enfermedades. Es decir, la discriminación e inequidad socioeconómica, étnica, de género o etaria juegan un papel muy apreciable. En concreto, la discriminación por edad está siendo determinante en esta pandemia y desde el principio se constató que la inequidad en personas vulnerables agravaba situaciones de enfermedad. 

El enfoque sindémico fue utilizado en una publicación del año pasado en la revista médica ‘The Lancet’, refiriendo la interacción del cambio climático tanto con la malnutrición en países no industrializados como con la obesidad y el sedentarismo en países industrializados, y que esa interacción provocará consecuencias todavía más desastrosas, máxime cuando el cambio climático podría poner en entredicho la seguridad alimentaria. Con el mismo enfoque sindémico se ha evidenciado que la población más vulnerable a la Covid-19 es aquella que sufre enfermedades crónicas como alteraciones cardiovasculares, problemas respiratorios crónicos, obesidad, diabetes, hipertensión… y estas enfermedades no solo serían concurrentes, sino que determinarían mal pronóstico para aquellas personas que pudieran ser infectadas. Por ello, los aspectos sindémicos difieren de comorbilidad: en la comorbilidad dos condiciones coinciden pudiendo interactuar o no. Los estudios sindémicos profundizan en los efectos que una epidemia/pandemia puede tener en comunidades con condiciones patológicas previas o que vivan en situaciones socioeconómicas adversas, y cómo ello puede afectar negativamente a la salud de la colectividad. 

El enfoque sindémico destaca la importancia de tener en cuenta la inequidad sanitaria que puede estar causada por la pobreza, por el estrés, por el género o por la violencia estructural. Este enfoque va más allá del enfoque biomédico que aísla, estudia y trata las enfermedades como entidades distintas e independientes de los contextos sociales. En el enfoque sindémico los epidemiólogos y antropólogos médicos ponen de relieve la salud pública, la salud comunitaria y los efectos de las condiciones sociales en la salud. Así, para poder planificar intervenciones preventivas de la enfermedad y de sus secuelas, se necesita plantear la perspectiva sindémica. En lugar de solo definir la enfermedad, se debe definir la población diana e identificar cuáles son las condiciones que mantienen la salud en esa comunidad y cuáles son las condiciones deficitarias que, en tiempo y lugar, hacen más vulnerables a las personas. Por ejemplo, concretar las condiciones sociales que facilitan las enfermedades para combatirlas preventivamente, adelantándose a su aparición. 

En este contexto de Covid-19, en un mundo globalizado, con movilidad humana activa y diversidad étnica y social, un ‘enfoque sindémico de la disparidad’ implica pensar globalmente y prestar atención no solo a aspectos biológicos, sino también a factores sociales, culturales y económicos que, a nivel local, modifican y empeoran el pronóstico, sobre todo, en los colectivos vulnerables.


Autora: María Trinidad Herrero

Fuente: Herrero, M.T., 2020. Sindemia de la disparidad, [online] Disponible en: https://www.laverdad.es/opinion/sindemia-disparidad-20201024001136-ntvo.html [Fecha de acceso 10 mayo 2021].