Somos conscientes de que hemos llegado más lejos que nuestras madres y abuelas, y que ha sido gracias al trabajo y a la convicción proactiva de ellas

Este mundo necesita del trabajo y de la aportación intelectual, en pie de igualdad, de todos los seres humanos. Las mujeres, mitad de la población mundial, deberían ser parte real de la toma de decisiones en todas las esferas del conocimiento y de la vida. En el siglo XX, las mujeres se incorporaron masivamente al mundo laboral con dispar retribución económica. Pero las mujeres habían trabajado siempre, y de manera incansable, aunque sin remuneración. No obstante, el acceso al mundo laboral tuvo sesgos por segregación de género. Las mujeres realizaban tareas ‘femeninas’, y, además, era difícil que las mujeres ocuparan puestos de toma de decisiones de trascendencia. En el siglo XXI, si bien todavía queda mucho por andar, avanzamos en la igualdad de oportunidades: en los países más industrializados, como España, las mujeres vamos superando dificultades y cada vez hay más puestos directivos con nombre femenino. Pero la tijera sigue abierta y el techo de cristal permanece, aunque con boquetes y perforaciones.

La ciencia es uno de los campos de trabajo que permanece como modelo asimétrico con sesgos evidentes en el avance de la carrera profesional. Existen diversos factores en la raíz de estos sesgos, pero destacaremos la falta de conciliación real entre vida profesional y familiar/personal, la falta de confianza de las niñas y mujeres, y la tradicional falta de visibilidad del trabajo de las mujeres.

Conciliación. La carrera científica es altamente competitiva. En ciencia se exige confianza, esfuerzo y excelencia que implica dedicar muchas horas para conseguir resultados. Hay que trabajar más de las ocho horas diarias del horario laboral establecido. Pero todavía hoy, las mujeres deben compaginar el trabajo profesional con la dedicación (silenciosa) a otros menesteres como el hogar o el cuidado de la familia (los hijos y las personas mayores). La mujer suele ralentizar el ritmo de producción cuando se convierte en madre y dedica gran parte de su tiempo al bebé. Ahí se invierte la tijera, ya que pierden oportunidades al no tenerse en cuenta estas circunstancias en la carrera profesional. Es entonces cuando tras el periodo de distanciamiento parcial de la ciencia puede existir un desequilibrio de resultados con otros colegas que las pueden aventajar. Por ello, es necesario aplicar políticas de conciliación: que hombres y mujeres compartan responsabilidades dentro y fuera del hogar, y se eduque a niños y niñas desde la infancia.

Confianza. Parafraseando el lema de la Asamblea Regional, «el talento no conoce de género». Las mujeres están logrando metas impensables hace menos de 50 años, pero en la ciencia todavía queda un trecho importante. Según la Dra. Naik, de la Universidad Rockefeller de Nueva York: «La mujer tiende a cuestionar sus propias capacidades». Por ello, no habría que escatimar esfuerzos para potenciar la confianza en sí mismas desde la educación infantil, ya que las niñas desde los 6 años creen que los niños son más capaces para realizar ciertos trabajos intelectuales. Deben aprender a valorarse y a ver oportunidades en las dificultades.

Visibilidad. Es un hecho demostrado que los nombres de grandes científicas han quedado escondidos, habiéndose publicitado preferentemente los nombres de los grandes investigadores varones. Las mujeres son mayoría en casi todas las áreas de investigación, pero hacen falta acciones positivas para evidenciar que son grandes investigadoras bien formadas, que su dedicación se traduce en publicaciones de alto impacto internacional y que, aunque sean jóvenes y todavía no dirijan los proyectos, deben ser reconocidas. En la misma línea se ha de potenciar la mentorización: que las veteranas ayuden y orienten a las más jóvenes a ir subiendo peldaños y rompiendo muros invisibles. El programa ‘Mujeres con S’ del Banco Santander potencia tanto la mentorización como el patrocinio del premio de investigación a jóvenes científicas contribuyendo a desarrollar confianza y habilidades, y la visibilidad del trabajo de las mujeres investigadoras.

Si se continúan aplicando políticas y acciones serias se conseguirá llegar a la igualdad. Muchas de las jóvenes científicas son ‘millenials’, una generación que en un futuro próximo (antes del siglo XXII) vivirá, quizá, la igualdad de oportunidades real entre hombres y mujeres. Las mujeres de nuestra generación no lo veremos, pero somos conscientes de que hemos llegado más lejos que nuestras madres y abuelas, y que ha sido gracias al trabajo y a la convicción proactiva de ellas. Cada generación debe cumplir con su responsabilidad para el bien de la humanidad. Y el mejor mundo será aquel en el que no haya diferencias entre los seres humanos sin importar sexo, género, color, ideología u origen.


Autora: María Trinidad Herrero

Fuente: Herrero, M.T., 2020. Mujeres científicas en el siglo XXI, [online] Disponible en: https://www.laverdad.es/opinion/mujeres-cientificas-siglo-20200307011556-ntvo.html [Fecha de acceso 28 abril 2021].